Ciencia, Cine, Sensaciones

Cine y ciencia: pasiones, sorpresas y litigios

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Hay científicos que ven pelis de ciencia ficción por puro entretenimiento y otros que parecen pedir a gritos formar parte de ellas como sea. En este último caso está un grupo del MIT de Harvard, que a pesar de dar con un descubrimiento impensable hasta ahora -conseguir que los fotones de dos rayos de luz consigan interactuar entre sí-, han ‘vendido’ su hallazgo como la tecnología que será capaz de crear la espada láser de Luke Skywalker. El director J. J. Abrams podría jubilar de una vez las de juguete si llegan a tiempo para 2015, cuando está previsto que se estrene el séptimo episodio de La Guerra de las Galaxias. Esta clase de ingenios, que podrían aplicarse en el ámbito de la computación cuántica en el futuro, es sólo un ejemplo más de cómo ciencia y ciencia ficción llevan de la mano desde tiempos muy muy lejanos.

Recorremos esa fascinante relación entre ambas con Arturo Quirantes (profesor de Física, escritor y apasionado del cine) y con algunos inventos, desde los más novedosos a los legendarios, que grandes autores de la ciencia ficción han imaginado y otros grandes de la ciencia han hecho posible. Del viaje del hombre a la luna que vaticinó más de un siglo antes Julio Verne al reciente anuncio del coche volador español, pasando por el polémico iPad de Star Trek o las capas de invisibilidad que, aunque no se parezcan en nada a las de Harry Potter, serían posiblemente una de las prendas más demandadas del futuro.

Objetos de deseo

Ser invisibles (El Hombre Invisible, de H. G. Wells), el teletransporte (La Mosca, remake de David Cronenberg) o la máquina del tiempo (Regreso al futuro, Robert Zemeckis) son de hecho de las pocas ideas que el cine ha explotado pero que a la ciencia aún se le ‘resisten’, aunque surjan intentos interesantes. ¿Imposibles? “Es difícil decirlo porque dependen de las leyes de la Física, que a su vez dependen de lo que observamos en el laboratorio: la naturaleza y el universo. Creemos que atravesar un agujero negro es imposible pero si resulta que cambian las leyes de la Física por algún motivo, nunca se sabe”. Según Quirantes, ideas como el teletransporte podrían ser posibles “mecanocuánticamente, puesto que hay una base teórica que lo permitiría”, al igual que los viajes en el tiempo, “porque en las ecuaciones de Einstein no hay nada que lo prohíba”, pero el físico no cree que lo veamos próximamente.

Otros prodigios como el coche volador suenan más posibles. El joven ingeniero español Carlos Matilla presentaba hace poco al público el suyo. “Un Ferrari volador”, decía, “más veloz que un Fórmula Uno” capaz de alcanzar los 430 km/h de Madrid a Barcelona y sin repostar. Y aunque el prototipo tenga más que ver con un avión que con los coches de Blade Runner o El Quinto Elemento quién no querría evitar los atascos y semáforos del suelo. Otra cosa es que los veamos pronto surcando el cielo: “No lo creo”, avisa Quirantes, pero tiene más que ver con cuestiones de marketing. “Lo que pasa con los coches voladores es lo que pasa con los coches eléctricos, salvando las distancias. Tú puedes hacer un coche que pueda volar igual que puedes hacer un coche que pueda navegar, pero las prestaciones que va a tener van a ser muy malas y tendrías que bajar los costes y hacer algo así vale mucho dinero”.

Las capas de invisibilidad, creadas por científicos canadienses, sí podrían ser utilizadas en un corto plazo de tiempo con fines militares. “En principio se basan en trucos relativamente sencillos porque para hacer algo o a alguien invisible tienes que conseguir que el que está delante de ti no te vea a ti sino lo que está detrás de ti. Hay magos que lo consiguen a través de un juego de espejos y estas capas son algo parecido a eso pero más sofisticadas. No creo que aparezcan por ahora capas para ser invisibles tipo Harry Potter pero sí sistemas para ocultar algo, igual que existen para ocultar radares”.

¿Hay algún loco comité de científicos detrás de las novedades de ciencia ficción? “No creo que haya gente dedicada a ver las pelis”, cree Quirantes, “aunque puede que alguno sí se inspire y de hecho hay científicos que reconocen que el cine tuvo mucho que ver en su decisión de dedicarse a la ciencia. Ahora, que los científicos se dediquen a copiar al cine, no lo sé…”. En algunos casos lo parece, al menos. “El ejército americano está intentando desarrollar, por ejemplo, un sistema de análisis médico parecido al de Star Trek para el campo de batalla y no sé si Steve Jobs tuvo también en cuenta esta película para crear su iPad, pero si estás viendo la peli y ves lo cómodo que sería llevar una placa cuadrada que te da información” es inevitable imaginártelo en la vida real.

Polémicas

Antes de que Apple presentara su iPad, el capitán Kirk ya lo utilizaba y a Kubrick se le había ocurrido otro modelo muy parecido para su 2001. El iPad, ese objeto de deseo, es de hecho una de las pocas maravillas vistas antes en ciencia ficción que han creado controversia en la realidad. Cuando Steve Jobs llevó a juicio a Samsung por copiarle el invento, a la empresa coreana se le ocurrió que en esa controvertida lucha de patentes una escena de 2001: Odisea del espacio sería determinante para demostrar que el iPad ya estaba inventado porque tenía la misma forma rectangular con pantalla grande, los mismos bordes redondeados y la misma superficie plana y negra.

Pero ¿qué es más difícil: imaginarlo o desarrollarlo? “Imaginar cosas es muy sencillo. Lo único que necesitas es un cerebro y algo para alimentarlo, lo difícil es llevar esas cosas a la realidad. La ventaja de la ciencia ficción es que si te saca un cacharro tipo iPad no se pone a explicar cómo tiene que estar hecho ni qué estructura tiene que tener. La ciencia ficción no son los disparos láser, las naves espaciales ni las persecuciones de naves. Asimov decía que la ciencia ficción trataba de la relación entre la gente y los avances tecnológicos. Lo importante no es el mero hecho de que aparezca un iPad, lo que plantea la ciencia ficción es cómo nos cambia la vida”. Cómo nos la cambia para bien y para mal una red que nos conecta a todos, Internet en la vida real, y extraños sistemas de vigilancia (Minority Report) o simulaciones sociales con batallas entre hombres y máquinas (Matrix) en el cine.

Hay casos muy curiosos incluso más allá de la ciencia ficción. El dibujante Disney Carl Barks logró ‘arrebatar’ la autoría de un eficaz sistema para reflotar barcos hundidos con pelotas de ping-pong a un importante científico holandés llamado Kart Kroyer. Esa idea ya había aparecido en una historieta del Pato Donald. Son sólo casos puntuales y motivo del lío de patentes propio de los americanos. “Las patentes están muy bien porque se supone que fomentan la innovación pero tampoco se pueden llevar al lado extremo… Había uno que tenía patentado el clic del ratón y pretendía que todos le pagáramos cada vez que hiciéramos un clic pero nadie tiene patentado un coche o un cohete, por ejemplo”.

Ideas brillantes

Afortunadamente hay autores que han tenido ideas brillantes. Para Arturo Quirantes uno de los autores de ciencia ficción más sorprendentes es Julio Verne. “Si nos ponemos a analizar críticamente obras como De la Tierra a la Luna” descubres que fue una de las mentes más visionarias de todos los tiempos. “Es cierto que si lanzas a la gente en un cañón las destrozas vivas pero en el tiempo de Julio Verne no se conocían los cohetes, no se habían desarrollado, y la única manera de lanzar cosas era con globos o con cañones. Comete errores pero el concepto era revolucionario”. Pasa lo mismo con 20.000 leguas de viaje submarino, “los pocos submarinos que había en aquella época eran latas que duraban apenas 10 minutos y una vez pasados tenías que salir a respirar. Él inventa un submarino que se pasa meses debajo del agua propulsado por electricidad y con unas explicaciones de paisajes absolutamente increíbles y revolucionarias”. No sólo eso, con el lanzamiento de la nave en De la Tierra a la Luna cerca de Cabo Cañaveral “quedó como un rey”, aunque en esta predicción se mezclaran la suerte y la lógica.

Sus obras son un referente de la preocupación que la humanidad ha tenido a lo largo de la historia por la exploración y es precisamente el tema estrella de las obras de ciencia ficción. “El ser humano siempre ha estado explorando territorios desconocidos. Nos hemos pasado casi toda nuestra historia intentando descubrir qué hay al otro lado de la colina, en el otro país o en el otro océano. Ahora en pleno siglo XXI, cuando la Tierra está casi explorada, seguimos teniendo todo un universo ahí fuera esperándonos”.

Hay material de sobra para inspirarse. Viajes a la Luna y a otros planetas (Viaje a la Luna, Georges Méliès, 1902; Los primeros hombres en la Luna, de H. G. Wells, 1901; La mujer en la Luna, de Fritz Lang, 1929; Con destino a la Luna, de Irving Pichel, 1950; 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, 1968 o Avatar, de James Cameron, 2009); estaciones orbitales como las que describía Jack Williamson en El Príncipe del espacio, de 1931; robots (replicantes en Blade Runner, simpáticos en La Guerra de las Galaxias, niños en Inteligencia Artificial); control del pensamiento (La torre de cristal, de Robert Silverberg, 1970, o Firefox de Craig Thomas, 1977); y en toda ellas artilugios que nos hacen la vida más cómoda…

Quirantes elegiría tres: “El coche volador no estaría mal pero algo que no sale en las películas y pasaría seguro es que en cuanto fueran posibles empezarían los líos de licencias y límites, y dejaría de ser divertido”. Un casco de realidad virtual: “Existen prototipos pero están muy poco desarrollados. Imagina lo que sería para el transporte, las telecomunicaciones o la medicina”. Y un robot “que te haga todo, que me vaya a por el periódico o que conduzca por mí”.

Y mientras algunos visionarios se afanan en predecir cómo será la vida en 2050, con algunas ideas que parecen de ciencia ficción, como llegar jóvenes a la muerte, que el ordenador nos lea el pensamiento, aprender idiomas con un dispositivo en el cerebro o la cura del cáncer, el físico se muestra algo escéptico. “En principio son posibles todas pero el problema es que hace 30 años me hacían las mismas predicciones y pensábamos que en 2015 estaríamos como en Regreso al Futuro II. Son predicciones de lo que es factible desde el punto de vista técnico pero otra cosa es que sean posibles. En el caso de la cura del cáncer, los autores suponen que se seguirá luchando contra él con la misma eficiencia que ahora. Hace 50 años esta misma gente, con elementos de juicio muy bueno, con la revolución verde y los avances en biotecnología de entonces, pensaban que se habría acabado el hambre en el mundo y fíjate cómo estamos”.

http://fisicadepelicula.blogspot.com.es/

Acerca del autor / 

Manuela de la Corte

Periodista y maniática de ‘alguna’ música que puedo escuchar hasta cansarme. Me encantan las estrellas (las de verdad y las que se les parecen bastante), ‘Rayuela’ y el azul eléctrico.

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