Cine, Letras, Sensaciones

La poesía compartida de Lorca y Val del Omar

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García Lorca y Val del Omar “hubieran estado llamados a entenderse” si el final del poeta de Fuente Vaqueros no hubiera sido el que fue. Rafael Llano recorre en un ensayo ganador del XIV Premio Internacional Gerardo Diego los paralelismos de los dos intelectuales granadinos, tan diferentes por el medio en el que se expresaron, la literatura y el cine, pero tan iguales en su poesía, su mística y su increíble capacidad visionaria.

Precisamente esa “familiaridad” fue lo que llamó la atención de Llano para ahondar en los nexos de unión de dos creadores recordados hoy de una forma diametralmente opuesta. Lorca, como un poeta universal, y Val del Omar, poco conocido ni siquiera en su tierra a pesar de ser un “precedente inequívoco del arte tecnológico” y haberse anticipado al cine de su tiempo con inventos como el zoom, que él llamó óptica temporal de ángulo variable.

Para empezar, influyó en las similitudes de ambos el escenario en el que vivieron. En el ensayo García Lorca y Val del Omar. La imagen duende, el autor recuerda la Granada de aquellos años 20 que aún mantenía una crudeza, un misterio y un “punto de abandono” que atrajo a los intelectuales románticos americanos y europeos pero que al mismo tiempo era una Granada que podía ser percibida por “los ojos modernos de Lorca y Val del Omar”. Ese renacer cultural que fue surgiendo en la ciudad propició encuentros entre los dos y la participación de Lorca, a quien Val del Omar pidió opinión, en algunos proyectos del cineasta.

Fue también Lorca el que recomendó a Val del Omar que visitase en Madrid al director de las Misiones Pedagógicas, un proyecto que refleja “la preocupación de ambos por transmitir la cultura a una sociedad injustamente relegada de su educación con una generosidad y una función social muy importante en los dos”.

Sin embargo, “la prematura y desgraciada” muerte de Lorca en 1936 “interrumpiría ese diálogo” y, como explica Rafael Llano, no sería hasta el final de los 40 cuando se publicó la última conferencia del poeta sobre el ‘duende’. Influido por aquella conferencia titulada El teatro y la teoría del Duende surgiría “el hijo cinematográfico de esa idea” en las películas de Val del Omar Aguaespejo granadino (1955) y Fuego en Castilla (1960), de su Tríptico elemental de España que completa Acariño Galaico (1961).

Además de esa huella del duende en los trabajos del cineasta, que casualmente ambos buscaron en Granada, Castilla y Galicia, hay una referencia explícita a Lorca en Fuego en Castilla cuando al principio del filme se dibuja un verso sobre los arcos de un antiguo claustro: “En España todas las primaveras viene la muerte y levanta la cortina”.

Val del Omar era “un tecnólogo”, cosa que Lorca “en absoluto”, y aun así su cine poseía una “articulación lírica” muy diferente a la estructura dramática del cine convencional. En sus películas “es la propia imagen la que condiciona el sentido de las siguientes y las anteriores”, y esa “aproximación poética a la imagen” está en todo momento condicionada por la tecnología. Ésa es la originalidad y “brillantez” de Val del Omar y su principal fortaleza. Fue capaz de transformar un medio tan tecnológico como el cine en un medio de expresión lírico y poético.

“Qué decir de Lorca”, se pregunta Llano, “el autor más traducido” de la literatura contemporánea. Aún le asombra que un dramaturgo y un cineasta como Ingmar Bergman pusiera en escena Bodas de sangre. “¿Qué hay en esa pieza de comienzos de los 30 que invita a ser puesta en escena treinta años después por uno de los directores más grandes del mundo? Evidentemente, hay un contenido que se anticipa a todo lo que viene después”.

Los medios que cada uno emplea les hicieron tomar caminos muy distintos pero ambos compartían “el aspecto místico” y la “capacidad contemplativa” de la que hablaba Ángel Ganivet, además de los antecedentes religiosos de figuras como San Juan de la Cruz.

Por el misticismo, por las raíces, por esa preocupación por transmitir la cultura y ese fuerte nexo poético, Rafael Llano cree que Lorca y Val del Omar “estaban llamados a entenderse y hubiera sido muy interesante que hubieran podido trabajar juntos”. El poeta ya se acercó al cine con Buñuel y “seguro que se hubieran comprendido muy bien”.

Si hubiera existido ese trabajo común, dice Llano, no los imagina llevando a cabo una dramatización de alguna obra de García Lorca “porque ésa no era la idea del cine de Val del Omar, pero sí podrían haber hecho perfectamente un ensayo cinematográfico sobre Granada”. Algo distinto a Aguaespejo granadino “que hubiera sido una locura”.

Una película conjunta, quizás, “donde dos veteranos granadinos hubieran planteado su idea sobre la evolución de Granada y la Alhambra, sobre el turismo y la masificación”, algo que llamaba poderosamente la atención de Val del Omar.

Acerca del autor / 

Manuela de la Corte

Periodista y maniática de ‘alguna’ música que puedo escuchar hasta cansarme. Me encantan las estrellas (las de verdad y las que se les parecen bastante), ‘Rayuela’ y el azul eléctrico.

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